Los soportales se convierten en el ‘refugio’ de niños, mayores y gasteiztarras que huyen de los excesos de la fiesta y se decantan por recibir a Celedón en un ambiente más reposado y familiar, pero igual de emocionante
Año tras año, cada 4 de agosto, la plaza Nueva cobra mayor protagonismo para recibir a Celedón. Es la otra bajada, la alternativa a la Virgen Blanca, más reposada, más familiar, pero igual de festiva y animada.
Así lo corroboran Maialen y Pedro mientras sacan de su cochecito a su pequeña Naia, de meses. «Al menos, aquí podemos ver la bajada de Celedón por la pantalla, sin agobios, con este trasto…«, indica señalando el carro de bebé.
Es el primer año que se alejan unos metros del mogollón y han quedado con otras parejas de la cuadrilla para brindar por la patrona, al igual que otros años por fiestas.
«Flipados»
Confiesan estar un poco «flipados» por la cantidad de gente que se congrega en la plaza consistorial, aunque Maialen preferiría adentrarse en el cogollo de la fiesta, lo más cerca de los Arquillos y sorbiendo cava con su pandilla.
Ambiente en la plaza Nueva durante la bajada de Celedón. Fot&Co Estudio fotográfico
«Es lo que tiene ser madre, otro año será», promete a un tranquilo Pedro que lo mismo le da, que le da lo mismo.
El calor aprieta y frente a la pantalla van posicionándose los más adolescentes, esos a los que vigilan de reojo sus aitas para que no caigan en la tentación de huir hacia la Virgen Blanca.
Ambiente en la plaza Nueva durante la bajada de Celedón. Fot&Co Estudio fotográfico
«Aún son muy niños para estar en la Virgen Blanca, mejor aquí, ya tendrán tiempo», apunta Ainhoa en su papel de ama protectora. «A mí no me mires, yo ya le dejaría», asiente con a cabeza su compañero.
Estallido de la plaza
El ambiente va a más a medida que la hora se acerca y cuando el reloj todavía marca las cuatro de la tarde, la plaza ya estalla de alegría y ganas de fiesta.
Para entonces, riadas y riadas de jóvenes discurren desde la zona de Sancho el Sabio, donde se escuchan los primeros txistus. La gente no cede el paso ni al tranvía en su caminar ensimismado.
Ambiente en la plaza Nueva durante la bajada de Celedón. Fot&Co Estudio fotográfico
Triunfan los pantalones cortos negros de deporte, las camisetas blancas y las fundas impermeables para los móviles que se bambolean colgados al cuello.
Las garrafas de cerveza y kalimotxo se calientan antes de llegar al centro.
Ambiente en la plaza Nueva durante la bajada de Celedón. Fot&Co Estudio fotográfico
En la plaza Nueva, las garrafas son en su mayoría de agua, acordes con la edad del personal, pero la parafernalia es similar: niños y adolescentes de pie que se abrazan frente a la pantalla y mayores bajo la sombra de los soportales y en los asientos de piedra se cuentan sus planes para fiestas.
Haciendo tiempo
La alcaldesa, Maider Etxebarria, cruza la plaza rodeada de agentes camino del Ayuntamiento y señalada por el gentío que conversa animadamente sobre «su época».
Ambiente en la plaza Nueva durante la bajada de Celedón. Fot&Co Estudio fotográfico
Ajenos a lo que acontece, los más txikis meriendan o toman un helado y chucherías para hacer tiempo mientras Maialen amamanta a Naia, que se toma su tiempo.
Pronto, los nervios infantiles dan paso al estruendo tras el baskonista txupinazo, pañuelos rojos y a cuadros al aire y mutismo cuando Celedón asoma entre las cortinas.
‘Que vi, que vi, que viva Vitoria’
Que vi, que vi, que viva Vitoria, entona el personal, al tiempo que el sol va cediendo espacio a la sombra y la plaza va ganando espacio.
Alain e Izan esperan desde hace hora y media el momento sentados en el suelo, haciendo corro con sus colegas.
Entonces, saltan y se abrazan efusivamente brazos en alto emulando cada izada de paraguas de Iñaki Kerejazu desde lo alto de la balconada de San Miguel. Es la ebullición de la plaza Nueva. Son las fiestas de Gasteiz.
¡Felices fiestas! Jai zoriontsuak!
