Celedón cierra unas fiestas de récord de asistencia y paseíllos reducidos a la mitad

Con el pañuelo deshilachado y las piernas pidiendo tregua, Vitoria-Gasteiz ha apurado hasta el último aliento las Fiestas de La Blanca 2026.

La subida de Celedón, pasada ya la medianoche, ha bajado el telón de una edición que quedará en la memoria por la alta participación, las elevadas temperaturas y, sobre todo, por la novedad del paseíllo único, que tanto revuelo y críticas ha generado entre quienes han visto reducirse de doce a apenas seis el número de kalejiras entre Santiago y La Blanca.

Los balances tendrán su momento –el Ayuntamiento ofrecerá el suyo este mismo mediodía–, pero la ciudad ya se ha regalado unos días de jolgorio necesario con los que dejar a un lado las preocupaciones cotidianas, entre planes de día y de noche y propuestas para todas las edades y gustos que han mantenido viva la calle hasta el último suspiro.

Las fiestas de La Blanca 2026 ya han terminado Pilar Barco

La coincidencia del cierre festivo con el fin de semana ha ayudado, y mucho, a estirar la juerga hasta altas horas de esta última noche, bastante más allá del retorno del aldeano de Zalduondo a la torre de San Miguel.

Blusas y neskas han protagonizado una última jornada de despedidas, con la suelta de vaquillas, la Comparsa de gigantes y la subida final de Celedón como colofón

A la bajada de Celedón del martes, de nuevo multitudinaria, y a la masiva fiesta posterior, siguieron un día de La Blanca también por todo lo alto, con el regreso a las calles de las cuadrillas de blusas y neskas, y dos jornadas algo más tranquilas, las del miércoles y el jueves.

A partir de ahí, y aunque un buen número de vitorianos optaron por abandonar la ciudad para disfrutar de sus vacaciones en un ambiente más relajado, la llegada de numerosos visitantes contribuyó a revitalizar las calles en el tramo final de las fiestas. Tampoco hay que olvidar las prefiestas, que ya llenaron de ambiente las calles durante todo el fin de semana previo.

Las ganas de disfrutar no duermen en La Blanca
Stuart MacDonald

A lo largo de las 127 horas que han durado las fiestas ha habido tiempo para vivir sensaciones de todo tipo. Iñaki, uno de los blusas de la cuadrilla Batasuna, reconoce que sus fuerzas han ido a menos con el paso de las jornadas festivas: “Habré dormido de tres a cuatro horas los primeros días, pero ayer el cuerpo me pedía descanso”.

Como es lógico, en las fiestas de La Blanca conviven quienes forman parte de las cuadrillas de blusas y neskas –cada vez con más listas de espera–, quienes visten de calle pero con el pañuelo al cuello, y grupos de amigos que aspiran a formar parte algún día de una cuadrilla.

Es el caso del grupo formado por Ander, Maialen, Jon y Naiara, quienes aprovechan las noches para “seguir a alguna txaranga por Kutxi por el buen ambiente y luego pasarnos por las txosnas”.

En imágenes: Emocionante despedida de los Gigantes y Cabezudos
Pilar Barco

Una de las zonas de Vitoria que más ha cambiado de rostro de un año a otro es la de los aledaños al Iradier Arena.

El cambio de ubicación del paseíllo hacia Olaguibel ha desplazado hasta la calle Mateo Moraza a los centenares de blusas y neskas que hasta ahora llenaban las arterias cercanas a la plaza de toros antes de iniciar el paseíllo de vuelta.

“No hemos dado abasto, ha sido una locura”, cuenta un camarero de uno de los establecimientos situados bajo los arquillos, una zona que durante estas fiestas se ha convertido en una auténtica disco-móvil de la mano de Bereziak. Por el contrario, los negocios hosteleros del entorno del Iradier Arena lamentan y reconocen a este periódico que “hemos notado el bajón del paseíllo, ha sido duro”.

Jornada de despedidas

Como suele ser habitual todos los 9 de agosto, la de ayer fue una jornada de sucesivas despedidas.

El Iradier Arena acogió la última suelta de vaquillas del ciclo festivo; el espacio de aventura infantil y juvenil abrió sus puertas por última vez en el parque de Arriaga, al igual que el zoco árabe de Juan de Ayala; y, a eso del mediodía, se celebró el concurrido pasacalles final de la Banda Municipal de Música y de la de Txistularis y Trikitilaris, así como el Torneo de la Virgen Blanca de arrastre de piedra por bueyes, caballos y personas.

A ello se sumó la entrañable despedida de la Comparsa de gigantes, cabezudos, caballos y sotas, que ofreció su último baile y recibió el cariño de los más pequeños de la casa al regresar, ya por última vez este año, a su morada de la calle San Antonio.

Las fiestas de La Blanca 2026 ya han terminado Pilar Barco

La jornada avanzó entre las iniciativas musicales de Biznietos y Bainas, el bertso-saioa final de las fiestas en la plaza del Machete y, ya por la tarde, los últimos paseíllos , en los que el ánimo no decayó en ningún momento pese al visible cansancio acumulado. 

Conciertos en txosnas, toros de fuego y fanfarres mantuvieron la ciudad en movimiento hasta que, a la una de la madrugada, Celedón emprendió su camino de vuelta, cita muy concurrida un año más a la que siguieron la subida del blusa y la neska caídos y la procesión de las velas. Llegó así el momento de desanudarse el pañuelo festivo hasta el 4 de agosto de 2027, mientras las cuadrillas de blusas y neskas escenificaban de forma simbólica un cortejo fúnebre con féretro y cantos de despedida, ya que aún quedaba por delante una larga noche más de jarana.