Este domingo, Iñigo Etxezarreta ofrece el pregón de La Blanca desde la plaza Nueva
Está siendo otro verano de lo más movido para En Tol Sarmiento, sin perder de vista los tres grandes conciertos que la banda de Yécora dará en marzo en el Buesa Arena reuniendo a un total de 45.000 personas. Pero esta vez, a Iñigo Etxezarreta no le toca cantar, sino hablar. En su voz está el pregón que llama a las fiestas de La Blanca, una cita que tendrá lugar este domingo a partir de las 21.30 horas en la plaza Nueva de la capital alavesa.
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Aunque, como es lógico, se guarde alguna sorpresa, ¿cómo tiene planteado el pregón?
–Creo que pocas veces me ha tocado hablar durante 15 minutos en público. En los conciertos no me gusta dar la chapa (risas). Hay bastantes temas que quiero tratar de manera indirecta, no me quiero centrar en uno. Pero bueno, me gustaría hablar, en primer lugar, de conocer la ciudad y las fiestas desde diferentes ángulos. He tenido la suerte de poderlas vivir de noche, de día, desde las txosnas, con invitados… Está bien entender eso , además, creo que es interesante hacer ver que las fiestas se construyen entre todos y todas, no solo desde el institucional, sino entender que el alternativo es importante, las asociaciones que se financian en fiestas también son importantes, porque al final son recursos que muchas veces llegan donde las administraciones no pueden llegar. Es interesante poner en valor la red de voluntariado que hay en fiestas. En segundo lugar, evidentemente, quiero darle un peso a las fiestas como espacio de transmisión cultural. Con el grupo, en los últimos años, estamos intentando no solo homenajear lo que son los días festivos de las ciudades, sino hacer ver que las fiestas son esenciales para transmitir una cultura, no solo el idioma, sino también los diferentes elementos, los personajes, los bailes… Si no fuera por las fiestas populares, son elementos que se estarían perdiendo. Los días festivos no son únicamente para festejar, sino para entender que formamos parte de una comunidad. En este caso, tenemos la suerte de tener un idioma propio y unas características propias, y creo que en las fiestas de Gasteiz salen a relucir muchos de esos elementos que para mí son imprescindibles para mantenerse como pueblo. Asimismo, me gustaría decir que la gente las fiestas se las toma como un Kit Kat en su vida y que las afronta con una visión de disfrute y de ser más generosos, y creo que estaría bien también que en el resto de los 359 días del año lo tuviéramos presente. No estaría de más que haya una parte de ese positivismo y de celebración y de falta de crítica que suele haber en las fiestas, que aguantásemos un poco más el resto del año y que cogiésemos un poco ese espíritu.
¿Cómo se toma esto de ser el que llama a la fiesta?
–Pues mira, es una figura que sabía que existía pero no sabía que tenía tanto peso. A medida que están pasando los días me está sorprendiendo la importancia que tiene el pregonero en Gasteiz. Me da, en cierta manera, un poco de respeto, porque nosotros venimos de la parte musical y crear un relato que pueda aportar algo interesante me genera cierta responsabilidad y me da respeto. Como gasteiztarra no he faltado en mi vida a ninguna de las fiestas de Gasteiz, he podido verlas desde diferentes sitios, he estado la mayoría de años en la bajada de Celeón y evidentemente me hace ilusión.
«Los días festivos no son únicamente para festejar, sino para entender que formamos parte de una comunidad»
¿Cuál es el mejor recuerdo que tiene asociado a las fiestas de La Blanca?
–Tengo muy buen recuerdo del día 4 de agosto, del post Celedón. Muchos años solíamos ir después de Celedón al Jardín de Farelina, a la zona de la Kutxi, todavía bien ensuciados, bien mojados de toda la bajada, de la gente tirándote agua… Esa celebración colectiva del después de la bajada, me encanta. Tenemos unos recuerdos de la adolescencia muy guays ahí.
En Tol Sarmiento en pleno concierto en el BEC de Barakaldo Miguel Acera
En gira
Claro, ahora va En Tol Sarmiento a las fiestas de, por ejemplo, Baiona como hace unos días, y uno acude a trabajar, no a otras cosas. ¿O hay tiempo para tomarse algo y desfasar un poco?
–En el caso del grupo, yo personalmente no tomo ni una copa de vino antes de subir al escenario, porque quiero estar plenamente consciente de lo que está pasando, y es verdad que el nivel de responsabilidad y de concentración que tenemos en este momento es muy alto. Que luego hay a veces que si concatenamos dos conciertos seguidos, esa noche después del concierto nos quedemos a celebrar… pues, sí. Hace muchos años, cuando tocábamos en pueblos de Rioja Alavesa, el 100% de los días nos quedábamos a tomar algo. Ahora es verdad que estamos más en modo trabajo, sobre todo porque no viajamos solos, hay muchos técnicos, al día siguiente también tienen más jornadas de trabajo, y las fiestas se viven de otra manera. Pero para mí compensa. Los momentos que vivimos hace un par de semanas en fiestas de Baiona fueron increíbles. Vas con unas expectativas que no son tan altas, te encuentras con aquello y es alucinante. Yo me quedo con lo que estamos viviendo.
ETS es muchas cosas, pero es también fiesta, plaza, diversión.
–Sí. Estamos buscando el equilibrio entre la madurez, la seriedad, y no perder la esencia, y evidentemente esa esencia viene de ahí, viene de crecer en plazas, viene de entender que el espacio festivo ha sido clave para el crecimiento del grupo, y por eso mismo hemos decidido este año volver a las plazas, porque ETS también es eso, y creo que está bien tener en cuenta que para crecer hay que hacer para mí canciones profundas, pero no hay que olvidar que hacer canciones alegres, por lo menos a mí, te levanta el ánimo. Está bien celebrar de vez en cuando y desinhibirse un poco con las canciones.
«En el Buesa vamos a darle valor a Álava, pero también a lo que es el hogar, la casa y el sentimiento de pertenencia»
En Baiona las imágenes del concierto eran impresionantes en cuanto al número de gente que se congregó. Pero también en la Zurriola, en el concierto en el Jazzaldi donostiarra. ¿Cómo se hace para estar actuando ante miles de personas y luego recuperar la vida normal de alguien que tiene que ir a comprar el pan o que paga la factura del gas?
–No reflexionando demasiado (risas). Hay una frase que me suele gustar recordar, que dijo un componente del grupo, que cuando pase todo esto, quizá ya seremos conscientes. Es verdad que es un contraste bastante grande, pero intentamos naturalizarlo, normalizarlo. Al igual que no tenemos que creer en las críticas que van a hacer daño, tampoco nos tenemos que creer nadie cuando nos encontramos con gente que está fuera de sí por el grupo. Está bien ser conscientes de que la vida es, también, todo lo que ocurre tras el escenario. Son píldoras que nos gusta disfrutar. Es una pequeña parte de la vida que estamos intentando saborear un poco más que antes, porque a pesar de que se vea gente en los conciertos, no siempre se disfrutan por el nivel de responsabilidad que tenemos.
En Vitoria, el próximo marzo
La siguiente cita en Vitoria serán los tres conciertos en el Buesa Arena. ¿Se puede avanzar algo de lo que sucederá en marzo?
–Pues mira, no te puedo responder, porque la semana pasada tuvimos la primera reunión artística. Cuando acabamos los conciertos de Madrid y Barcelona, estuvimos preparando la gira de verano, y ahora que ha arrancado, yo pedí al equipo empezar a trabajar lo del Buesa en septiembre, pero el equipo me comentó que lo teníamos que hacer ahora. Justo hemos puesto las ideas encima de la mesa, pero a partir de ahí, queda mucho por hacer. Lo que tenemos claro es que no vamos a repetir lo de los años anteriores. También tenemos claro, evidentemente, que va a ser un espectáculo que va a ir mucho más allá de lo que la gente ve en verano. La ocasión nos lo permite. Será un montaje que estará enriquecido y alimentado por disciplinas artísticas ajenas a la del grupo, pero nos gustaría darle otro enfoque distinto a lo que el público ha visto en los dos últimos años. No sabemos todavía cómo lo vamos a plasmar, hay ideas encima de la mesa, y vamos a darle valor a Álava, pero también vamos a darle valor a lo que es el hogar, la casa y el sentimiento de pertenencia. Y mucho más no sabemos (risas). De septiembre a marzo, tenemos varios meses para preparar todo bien.
Sea en el Buesa, hace un par de semanas en Baiona o en el Jazzaldi, cuando uno, antes de salir al escenario sabe que ahí fuera hay miles y miles y miles de personas, ¿qué siente?
–Pues te diría que no siempre se siente lo mismo. Depende muchas veces del día que has tenido, de las expectativas que tengas, de la energía que hay en el público. No siempre es tener a miles de personas enfurecidas y enloquecidas. Igual te encuentras con miles de personas que van a disfrutar un concierto de una manera más tranquila. Y este verano estamos viviendo eso. Todos nosotros tenemos un poco de nervios, aunque a medida que haces espectáculos grandes, los que igual no son tan complejos, te permites disfrutarlos un poco más. Nos gusta decir: bueno, chavales, esto no se va a repetir; quizás vendremos otro año, pero lo que vaya a pasar hoy no se va a repetir. Trabajamos durante muchos días para preparar esto y salir al escenario y ver a miles de personas es un poco la recompensa. Nos sentimos afortunados de poder vivirlo. Intentamos ser conscientes y, hasta dentro de la responsabilidad, disfrutarlo y que los nervios no nos puedan.



