Cuatro vecinos y vecinas llegados de Francia, Venezuela, Marruecos o Colombia nos cuentan cómo viven las fiestas de Vitoria
Hay quien lleva ya casi treinta años bajando con el Celedón cada 4 de agosto. Hay quien vivió su primera La Blanca hace apenas unos años y hoy no se perdería el txupinazo por nada. Todas estas personas nacieron fuera de Vitoria, en países distintos, y todos forman parte, sin distinción, de la misma fiesta que el resto de la ciudad. No la miran desde la grada.
Acuden a la bajada del Celedón con el resto, a ver los paseíllos de blusas y neskas, recorren las txosnas, van a los conciertos, vueven de noche casi sin voz y cuentan los meses hasta que regresa agosto.
Cuatro vecinos y vecinas de Vitoria-Gasteiz, llegados de Francia, Venezuela, Marruecos o Colombia, nos cuentan qué les sorprendió la primera vez que vivieron La Blanca, qué han aprendido a querer con los años y qué le dirían a quien, como ellos entonces, se enfrenta a su primera fiesta en la ciudad.
Consuelo, Ahmed, Fiorella y Johann dibujan un retrato sencillo de quienes, siendo de fuera, ya forman parte de la sociedad alavesa. Porque La Blanca no pregunta de dónde vienes para dejarte entrar. Solo te pide que participes, aprendas y disfrutes tanto como la persona que se tiene al lado.
Queremos saber…
1. ¿Cuál fue tu primera La Blanca y qué recuerdas de esa primera experiencia?
2. ¿Qué es lo que no te pierdes de las fiestas?
3. ¿Ha cambiado tu forma de vivir La Blanca con los años?
4. ¿Qué es lo que más te chocó?
5. ¿Qué le enseñarías a un amigo que visita Vitoria por primera vez?
Johann Vázquez, de Francia, lleva 22 años en Vitoria Pilar Barco
Johann Vázquez, de Francia, lleva 22 años en Vitoria y es ingeniero de telecomunicaciones
1. Fue en agosto de 2004. Venía de veranear en Donostia, donde veía a Celedón por la tele, pero cuando vienes, te das cuenta de que son unas fiestas muy vividas desde dentro, muy queridas. Es algo que no encuentras en otras fiestas de por ahí. Aquí todo el mundo la disfruta, todos en pareja o en cuadrilla, cada uno encuentra su hueco y sus actividades.
2. La bajada de Celedón. Los fuegos, siempre que puedo. Y me encanta tomarme mis bocatas en las txosnas, Eso es un clásico que no me pierdo. Me gusta ver a los niños disfrutar de los gigantes, el toro de fuego siempre me ha gustado, y me alegra que vuelvan las vaquillas. Me gusta todo lo que tiene que ver con el arraigo cultural a esta tierra: el deporte rural, la trikitixa, la euskal dantza, los bertsolaris, aunque no me entero mucho todavía, estoy aprendiendo euskera y siempre le pido a alguien que me lo traduzca. El bolo a la vez lo descubrí en las fiestas de un pueblo hace mil años, no sabía ni que existía, y me pasé una tarde entera jugando. En la fiesta se aprende mucho de esta cultura, hay que aprovecharlas.
3. Ahora soy mucho más tranquilo, llevo unos años que estoy trabajando mucho y salgo menos. Cuando lo hago, voy a dar un paseo y a ver el ambiente.
4. La bajada de Celedón. Es impresionante, digno casi de un San Fermín.
5. Tres cosas: las txosnas para comer, cenar o hacer un desayuno fuerte; la bajada de Celedón, por supuesto, hay que vivirla; y la tercera, como soy muy de tripa, los bocadillos de las txosnas: se come bien y de manera contundente, y la comida para mí es muy importante.
Fiorella Solar Pilar Barco
Fiorella Solar es de Perú, lleva 3 años en Vitoria y es analista contable
1. El primer año no teníamos mucha idea de cómo era, pero ya el segundo estuvimos más al tanto del calendario que da el Ayuntamiento. Empezamos con lo que empieza todo el mundo aquí: la bajada de Celedón. La vimos con mis hijos y mi marido, y fue un algo nuevo y bonito para nosotros. Tuvimos que aprender por qué se hace esa bajada, ver a los chavales mojándose de vino y todo. Nos quedamos en La Blanca toda la tarde, y desde entonces seguimos con las actividades de los parques.
2. El parque de Arriaga, sin ninguna duda. Nos vamos de once a dos. Mis hijos no quieren que cierren. Luego, por la tarde, volvemos a salir, ya sea a las barracas o a las distintas plazas, donde hacen presentaciones de mimos, como un circo, para toda la familia. Nos hemos recorrido prácticamente todas las fiestas. Y las barracas, para disfrutar de los fuegos artificiales por la noche.
3. Hacernos a las costumbres. Un ejemplo: la primera vez mis hijos fueron los únicos que no iban vestidos como blusas o neskas. No sabía ni dónde comprarlo. Ya nos hemos ido familiarizando y este año ya tuvimos la vestimenta, porque para ellos es parte de compartirlo todo.
4. Lo que más me llamó la atención fue la vestimenta: por qué se usa esa ropa de las blusas y neskas, el pañuelo en el cuello. Indagué y me enteré del porqué. También me asombró el tema de las actividades en los parques: yo soy de Lima, una capital grande, y allí no suele haber este tipo de fiestas para toda la ciudad, con tanta actividad para niños y familias. Y me llamó la atención el parque de Arriaga, ese parque grandazo donde vas, juegas y nadie te cobra nada.
5. La bajada de Celedón. Por la tarde-noche, iríamos a la zona de barracas y terminaría con los fuegos artificiales, jugar al bingo y todo lo que hay ahí. Y lo otro sería pasar una tarde-noche entre bebidas y pintxos por la plaza; el kalimotxo, por ejemplo, que para nosotros es nuevo y es muy rico.
Consuelo Parra Zambrano Pilar Barco
Consuelo Parra Zambrano es de Colombia, lleva 28 años en Vitoria y es ingeniera y juntera por el PSOE
1. No recuerdo con certeza si fui el primer año. Al segundo sí que ya fui a las fiestas. Me llamó muchísimo la atención la carrera de los burricos que hacían antes. Era muy gracioso, muy divertido.
2. La bajada de Celedón. La primera vez que la vi pensaba que era una persona de verdad la que bajaba. Le decía a mi marido: ¿Pero cómo es posible que bajen a una persona, con el peligro que tiene?. Y él me explicó que era un muñeco, que lo esperaban abajo y que bajaba por las escaleras. La primera imagen que te da es de admiración, de miedo, de madre mía, qué es esto.
3. Por supuesto que ha cambiado. Al principio era curiosidad, ir a mirar qué había, conocer, descubrir. Ahora, después de estos 28 años, me encanta participar.
4. Me gusta mucho la procesión de los faroles, es bellísima. En su momento me llamaba la atención la carrera de los burricos, que era muy divertida. También me sigue gustando muchísimo el ambiente de fiesta, de alegría, que se contagia. También la cultura vasca, la cultura vitoriana. Es gente solidaria, gente buena. Y hay que remarcar la seguridad que existe.
5. Yo hago que mi familia participe de todas las fiestas cuando viene. Miramos las actividades, participamos en la bajada de Celedón, que es preciosa, y también en el desfile de las neskas y las blusas.
Ahmed Chaghouaoui Saidi Pilar Barco
Ahmed Chaghouaoui Saidi es de Marruecos, lleva 30 años en Vitoria y es historiador y profesor en EHU
1. Cuando uno llega a un país de acogida tiene esa sed de aprendizaje, quieres conocerlo todo, así que te incorporas a todas las fiestas. Para mí, que soy historiador, la fiesta nunca ha sido solo diversión o consumo de alcohol: es un fenómeno sociocultural. A través de ella aprendes el funcionamiento de la sociedad, su lenguaje simbólico, la vestimenta, la comida, los cantos…. Me permitió descubrir Vitoria y, sobre todo, facilitar mi propia integración.
2. Estar en la sociedad, estar en el espacio, por lo menos un día o dos. Lo demás ya depende de lo que aguante el cuerpo: algún concierto, algún paseo por los puestos. Lo que más valoro es la incorporación de los espacios culturales de colectivos de inmigrantes. Ir a una tienda a compartir un vaso de té y un dulce. Tiene un efecto muy positivo para la sociedad de acogida, que descubre una cultura nueva, y para nosotros también, porque te reencuentras con tus raíces sin necesidad de volver al país de origen.
3. Antes te incorporabas, bebías, te echaban una botella de champán por encima… Formabas parte del colectivo. Ahora, con la edad, uno ya no está para cualquier cosa. Vamos cediendo el testigo a los hijos, y preferimos un concierto más tranquilo, sentarnos a tomar algo…
4. La presencia de tanta gente y la bajada de Celedón, que al principio no entiendes del todo. Yo vengo de la Cuenca del Mediterráneo, así que la fiesta en sí ya la conocía, si te hablo de las bodas en Marruecos, ni te cuento. Pero lo que sí me llamaba la atención era la forma en que aquí se organiza.
5. El simbolismo de la bajada de Celedón, esa marea de gente en la plaza tiene un efecto muy positivo, sobre todo porque solo trae buenas noticias. Luego, según avanzan las fiestas, un paseo por los puestos, un plato para compartir –la comida es muy importante–, y enseñarle también la diversidad que hoy contempla la fiesta de Vitoria, colectivos, puestos, gente distinta…
